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Las bebidas azucaradas a debate: Efectos en la salud y políticas para su regulación |
Tomar bebidas endulzadas puede causar daños a la salud. Cada vez que entramos a una tienda, almacén o supermercado, vemos una gran cantidad de bebidas endulzadas, con diversos colores y sabores para satisfacer distintos gustos, aparentemente inofensivas y muchas veces, comercializadas y publicitadas como saludables. Sin embargo, las bebidas azucaradas, endulzadas o con azúcar añadida no aportan beneficios a la salud, por el contrario, existe suficiente evidencia para afirmar que su consumo conlleva grandes riesgos a la salud.Atendiendo a esto, el Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS) del INSP organizó el simposio "Bebidas azucaradas: efectos en salud y políticas para su regulación", en el marco del 15 Congreso de Investigación en Salud Pública.
De acuerdo con los expertos, uno de los problemas de consumir bebidas azucaradas es que, además de no brindar nutrientes, las calorías que aportan no dan saciedad (de ahí que se les llame "calorías vacías") y se suman a las de los alimentos del día. Estas "calorías vacías" se acumulan en el tiempo y derivan en sobrepeso y obesidad. De acuerdo con el doctor Juan Rivera, basta ingerir 160 calorías extra cada día para ir ganando peso a lo largo de los años hasta llegar a la obesidad, con todas las consecuencias que eso implica.
Por su parte, Michael Goran aseguró entre otras cosas que de acuerdo con un estudio del 2011 (Le et al 2011) la población hispana es genéticamente más susceptible al efecto metabólico de las bebidas azucaradas, a través de la acumulación de grasa abdominal, en el páncreas y el hígado. Explicó también que el aumento en las exportaciones a México de jarabe de maíz de alta fructuosa aunado al altísimo consumo de refrescos y el componente genético, constituyen una "tormenta" para la salud de los mexicanos, por lo que las políticas económicas globales pueden tener un impacto sobre el consumo de azúcar, de jarabe de maíz y a su vez sobre la obesidad y la diabetes.
Finalmente, Arantxa Colchero presentó un estudio sobre el potencial de los impuestos a refrescos como una estrategia de prevención de la obesidad en México. Aseguró que de gravar los refrescos, la población más susceptible (la más pobre) reduciría significativamente su consumo. Asimismo, mostró que un impuesto del 20% a los refrescos se traduciría en una reducción del consumo de 163 a 121 litros por persona, así como una disminución del 12% de los casos de diabetes, el descenso en el gasto para este padecimiento y una recaudación fiscal de entre 22 y 24 mil millones de pesos. |
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Mtro. Uriel Andrade Camacho
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