Analizan la depresión posparto y la depresión materna en México


Debido a las bajas tasas de detección y atención en los sistemas de salud, la depresión materna y en particular la depresión posparto (o postnatal) son problemas de salud pública que requieren de la implementación de protocolos eficaces y de bajo costo que abarquen al personal de salud en contacto directo con las mujeres principalmente en las clínicas de primer nivel de atención, a fin de salvaguardar el bienestar de las madres y sus hijos, ante las complicaciones que pueden desarrollarse a causa de este padecimiento.(1,2)

A nivel mundial se estima que la prevalencia de la depresión postnatal es del 13% en países con ingresos altos, mientras que en países con ingresos bajos y medios es del 20%, en los que se calcula que las mujeres embarazadas o con hijos son tres veces más susceptibles de presentar depresión que en otra etapa de su vida (5,7). No obstante, en este último grupo de países las tasas de detección y atención en los servicios de salud son bajas (1), como lo reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2009(5) debido principalmente a la falta de estudios y a la disparidad en los protocolos de levantamiento de datos (6,7), por lo que el conocimiento del comportamiento de la depresión postnatal en los países de ingresos medios y bajos no es completo. Sin embargo, en los últimos años se han llevado a cabo investigaciones encaminadas a resolver este vacío y a brindar recomendaciones para hacerle frente a este padecimiento (1,6).

De acuerdo con la OMS, las mejores acciones para prevenir y atender la depresión postnatal en países de ingresos bajos y medios, como México, comprenden la integración de programas de atención de salud mental en los servicios perinatales, sensibilización y capacitación del personal médico, así como intervenciones consistentes en terapia y grupos de apoyo, además de proporcionar toda la información necesaria a las pacientes, principalmente en las clínicas del primer nivel de atención.(2,5,7)

En el caso de México, el estudio "Sintomatología depresiva materna en México: prevalencia nacional, atención y perfiles poblacionales de riesgo", encabezado por la doctora Filipa de Castro, investigadora del Centro de Investigación en Salud Poblacional (CISP) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), da a conocer la magnitud de este padecimiento en el país, reconocido por el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders(3) como un trastorno depresivo mayor perinatal, el cual forma parte de un amplio espectro de desórdenes mentales que se presentan antes, durante o después del embarazo, con diferentes grados de afección, sintomatología, presencia y tiempo de manifestación.(4)

La tristeza materna (también llamada baby blues) suele ser asociada con la depresión postnatal. Sin embargo, la tristeza materna tiene una presencia leve ya que sus síntomas (ansiedad, llanto, irritabilidad, cambios repentinos de ánimo) se presentan en los primeros días tras el nacimiento hasta la segunda semana y se disipan sin necesidad de un tratamiento. En cambio, la depresión postnatal puede manifestarse en cualquier momento durante el primer año después del alumbramiento y genera en la madre tristeza, miedo, ansiedad, insomnio o exceso de sueño, así como sentimientos de incompetencia y de falta de confianza que reducen su capacidad para atender de forma óptima las necesidades del niño (1), situación crítica para el desarrollo y bienestar del infante dada la completa dependencia del recién nacido durante su primer año de vida.

Al analizar datos de 7, 187 mujeres adultas, recabados en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, la investigación del INSP mostró que la depresión entre mujeres con al menos un hijo menor de 5 años tiene una prevalencia en México del 19.9% (equivalente a 2 millones de mujeres), es decir, 1 de cada 5 mujeres presentan un cuadro depresivo que, de no ser detectado y atendido, se podría prolongar y agravarse.

Por otra parte, cerca de 4.6 millones de niños y niñas viven con madres que presentan depresión moderada o grave, lo que les dificulta cuidar de sus hijos apropiadamente. En particular, los niños son más susceptibles de desarrollar problemas de salud física, por ejemplo desnutrición, diarrea, bajo peso, interrupción precoz de la lactancia, así como mentales y emocionales, debido a la afectación del vínculo entre madre e hijo.(2, 5, 7)

El estudio también reportó la distribución de la depresión posparto entre los estados de la república: el Distrito Federal, Guerrero e Hidalgo tienen una prevalencia de menos del 15%, mientras que Baja California Sur, Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Colima, Michoacán, Querétaro, Estado de México, Morelos, Puebla, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche y Yucatán cuentan con más del 20%.

Por otro lado, el estudio mostró tasas de detección y atención bajas (17.06% y 15.19%, respectivamente) que se explican por la falta de herramientas, protocolos y capacitación adecuadas para el reconocimiento de este desorden mental en las mujeres embarazadas por parte del personal clínico, desde médicos obstetras, enfermeras, trabajadores sociales y psicólogos, en los tres niveles de atención médica de los servicios de salud del país. A esto se suma que las mujeres sin afiliación a las instituciones de salud del país son más vulnerables, en contraste con las que sí cuentan con filiación en alguna institución de salud.(2)

Ante este panorama, es de suma importancia la implementación de instrumentos correctos para el tamizaje de la depresión postnatal a fin de que las señales de alerta y factores de riesgo sean identificados más fácilmente por el personal médico para brindar un tratamiento adecuado o, de requerirse, canalizar a las mujeres con este padecimiento a un especialista.(1,2) Además, es necesario poner en marcha políticas públicas para la prevención y atención efectiva, dirigidas principalmente a la población desprotegida y de bajos recursos, ya que de acuerdo con la evidencia las probabilidades de que una mujer padezca depresión postnatal disminuyen 55% si se emplean las medidas apropiadas para eliminar los factores de riesgo más asociados a esta psicopatía, los cuales son la violencia de pareja, la inseguridad alimentaria, el valor negativo de tener un bebé del sexo femenino y el bajo peso del recién nacido.(2)


REFERENCIAS

  1. Jean Marie Place et. al., "Conceptualizations of Postpartum Depression by Public-Sector Health Care Providers in Mexico", Qual Health Res. 25(4):551-68, 2015 Apr.
  2. Filipa de Castro et al., "Sintomatología depresiva materna en México: prevalencia nacional, atención y perfiles poblacionales de riesgo", Salud Pública de México, vol. 57, no. 2, marzo-abril de 2015.
    Disponible en http://bvs.insp.mx/rsp/_files/File/2015/vol%2057%20No%202/4depresiva(1).pdf
  3. American Psychiatric Association, "Postpartum Depression".
  4. Michael W. O’Hara, "Perinatal mental illness: Definition, description and aetiology", Best Practice & Research Clinical Obstetrics & Gynaecology 2014 Jan;28(1):3-12.
  5. World Health Organization, "Maternal mental health and child health and development in low and middle income countries".
    Disponible en http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/mmh_jan08_meeting_report.pdf
  6. Jane Fisher et al., "Prevalence and determinants of common perinatal mental disorders in women in low- and lower-middle-income countries: a systematic review", Bulletin of the World Health Organization 2012;90:139-149H.
    Disponible en http://www.who.int/bulletin/volumes/90/2/11-091850/en/
  7. World Health Organization, "Maternal mental health and child health and development in resource-constrained settings. Report of a UNFPA/WHO international expert meeting: the interface between reproductive health and mental health".
    Disponible en http://www.who.int/reproductivehealth/publications/general/rhr_09_24/en/
Última actualización:
miércoles 26 agosto 2020 16:47:13 por Webmaster INSP