Salud reproductiva, anticonceptivos y embarazo


La situación en adolescentes y mujeres jóvenes mexicanas.

El embarazo no planificado entre las adolescentes se considera un problema de salud a escala global, que continúa “siendo uno de los principales factores que contribuyen a la mortalidad materna e infantil y al círculo de enfermedad y pobreza”, asegura la Organización Mundial de la Salud (OMS)(1).

En México, de acuerdo con la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA)(2), este fenómeno repercute de manera negativa en los ámbitos educativo, económico, de salud e incluso de derecho. En términos de salud, la mortalidad materna en el grupo de las adolescentes es mayor que entre las mujeres adultas, además, presentan una alta prevalencia de aborto en condiciones inseguras y el riesgo de complicaciones maternas y perinatales es sensiblemente mayor(3).

Ante esta problemática mundial, en 2011 la OMS y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicaron directrices con recomendaciones para atenderla y prevenirla; entre los objetivos planteados se encuentra aumentar el uso de anticonceptivos entre los adolescentes sexualmente activos. En México, sin embargo, el uso de anticonceptivos es bajo. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, del 23% de los adolescentes de 12 a 19 años de edad sexualmente activos, el 14.7% de los hombres y 33.4% de las mujeres no utilizaron un método anticonceptivo durante su primera relación sexual(4). Entre las adolescentes, el método más utilizado durante la última relación sexual fue el condón (47.8%)(5).

De acuerdo con un artículo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), la Universidad de Ciencias y Salud de Oregón (OHSU por sus siglas en inglés) y la OMS —publicado en Maternal and Child Health Journal— el uso de anticonceptivos reversibles de acción prolongada (dispositivos intrauterinos e implantes) entre las adolescentes que no han estado embarazadas, es bajo y no ha aumentado significativamente en el tiempo (1% en 1992; 2% en 2014), a pesar de que se ha documentado ampliamente la aceptabilidad y seguridad de estos métodos para las mujeres de cualquier grupo de edad. En contraste, entre las adolescentes que han estado embarazadas el uso de anticonceptivos de acción prolongada es mayor y ha incrementado con los años: del 24% en 1992 al 37% en 2014. Una alta proporción de ellas (90%) han estado casadas o cohabitan con sus parejas. Esto parece indicar que el acceso a estos métodos está relacionado —sobretodo— con un embarazo preexistente, lo que significa que las adolescentes no están teniendo acceso a métodos anticonceptivos altamente efectivos para la prevención del primer embarazo.

Las autoras del estudio, titulado Adolescents and Long-Acting Reversible Contraception: Lessons from Mexico, explican que entender las tendencias del uso de anticonceptivos reversibles de acción prolongada puede ayudar a prevenir los embarazos no planificados, tanto en la escala nacional como global.

En el ámbito del acceso a los anticonceptivos, otro artículo —The relationship of age and place of delivery with postpartum contraception prior to discharge in Mexico: A retrospective cohort study— del INSP, la OHSU, la OMS y el Instituto de Métrica de la Universidad de Washington, publicado en la revista Contraception, analizó la recepción de anticonceptivos después de un parto, en relación con la edad de la mujer y el tipo de institución donde se atendió el alumbramiento: servicios públicos (Seguridad Social y Servicios de la Secretaría de Salud) y privados. Los resultados mostraron que 43% de las mujeres abandonaron el lugar donde atendieron el parto sin un método anticonceptivo. Por otro lado, contrario a la hipótesis inicial de los autores, recibir un método anticonceptivo postparto no presentó variaciones significativas entre los grupos de edad (12-19, 20-29, 30-39 años). No obstante, el lugar de atención del parto resultó una variable importante, ya que fue en la atención privada donde las mujeres tuvieron mayor posibilidad de recibir métodos anticonceptivos. Las estimaciones mostraron que, en la atención privada, 76% de las adolescentes dejaron el lugar con un método anticonceptivo, mientras que en las instituciones públicas el porcentaje llegó al 59%.

No obstante, por el tipo de información utilizada para el estudio (datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012) no es posible saber por qué ocurre esa tendencia, ya que la atención privada engloba distintos niveles de calidad, desde grandes hospitales, hasta clínicas pequeñas. De ahí que los autores llamen la atención sobre la necesidad de hacer un posterior análisis sobre estos aspectos.

Precisamente en esta línea se inscribe el artículo Comparison of family-planning service quality reported by adolescents and young adult women in Mexico, publicado en International Journal of Gynecology & Obstetrics, en el que las autoras muestran un panorama de la calidad de los servicios de planificación familiar, de acuerdo con el reporte y la percepción de mujeres adolescentes y adultas jóvenes. En este sentido, el estudio analizó 5 preguntas como indicadores de calidad, tanto técnica como interpersonal, provenientes de datos del 2006, 2009 y 2014 de la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica.

La muestra analizada fue de 15 835 mujeres de 15 a 29 años que alguna vez utilizaron un método anticonceptivo. Los resultados mostraron que las adolescentes reportaron un menor índice de calidad en los servicios de planificación familiar (61%) comparadas con las mujeres adultas jóvenes (66%). Cabe mencionar que las preguntas con menos respuestas afirmativas y por ende aquellas en donde se reporta menos calidad fueron las referentes a aspectos interpersonales, lo que muestra un área de oportunidad para los programas de planificación familiar.

De acuerdo con la Dra. Blair Darney del Centro de Investigación en Sistemas de Salud (CISS) y autora principal del artículo, la información con la que se cuenta no permite saber por qué ocurre esto, “sin embargo, pensamos que pudiera estar relacionado con las expectativas y las exigencias de las usuarias que van aumentando con el paso de los años, sobre todo si se han tenido otras experiencias previas de atención médica como en el parto y en servicios de planificación familiar”.

Para saber más sobre los programas de planificación familiar, actualmente se desarrolla el “Estudio para la determinación de la situación actual del Programa de Planificación Familiar y Anticoncepción como línea base para su comparación con evaluaciones del desempeño”, un proyecto liderado por la Dra. Iliana Heredia, también del CISS-INSP, para realizar un diagnóstico de la situación actual del Programa de Planificación Familiar de la Secretaría de Salud, y los retos de implementación, a través de métodos de un análisis mixto (cuantitativo y cualitativo).

Desde el espacio de la investigación, el Instituto Nacional Salud Pública (INSP) desarrolla proyectos para conocer las diversas dimensiones que conforman al embarazo en la adolescencia como fenómeno y proponer líneas de acción sobre todo en las áreas desatendidas, en concordancia con uno de los ocho ejes rectores de la ENAPEA: la Investigación y evidencia científica.(6)


REFERENCIAS

  1. OMS, El embarazo en la adolescencia, nota descriptiva 364. Disponible en http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs364/es/
  2. ENAPEA, pág. 20.
  3. ENAPEA, pág. 20.
  4. ENSANUT 2012, 2ed. Disponible en http://ensanut.insp.mx/informes/ENSANUT2012ResultadosNacionales2Ed.pdf
  5. http://bvs.insp.mx/rsp/_files/File/2013/vol%2055%20supl%20No%202/19metas.pdf
  6. ENAPEA, pág. 17.
Última actualización:
miércoles 26 agosto 2020 16:47:13 por Webmaster INSP