Cultivar, nutrir, preservar. Juntos


La combinación de dietas pobres y estilos de vida sedentarios ha conducido a un aumento en la obesidad, no solo en los países desarrollados, sino también en los países de bajos ingresos, donde el hambre y la obesidad a menudo coexisten.

La combinación de dietas pobres y estilos de vida sedentarios ha conducido a un aumento en la obesidad, no solo en los países desarrollados, sino también en los países de bajos ingresos, donde el hambre y la obesidad a menudo coexisten.

Más de 2,000 millones de personas en el mundo no tienen acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes. La crisis sanitaria mundial por COVID-19 ha dificultado todavía más el acceso a los alimentos y a los ingresos para las familias más vulnerables, con el aumento de los precios de los alimentos y la caída de los salarios en la mayoría de los países que ya estaban experimentando crisis alimentarias.1

Todos los países en América Latina se han visto afectados por la COVID-19, incluído México que, al igual que otros lugares, ha experimentado una rápida transición nutricional que ha dado como resultado una alta prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles que coexisten con la malnutrición.2

En los últimos 40 años, la dieta mexicana ha pasado de alimentos frescos y sin procesar a productos ultaprocesados con alto contenido de azúcar, sal y grasas. Esta transición también ha llevado a México a convertirse en uno de los países con las tasas de lactancia maternas más bajas en el mundo. Además, una inversión insuficiente en infraestructura para el acceso a agua limpia y potable, y la existencia de medidas regulatorias débiles, han contribuido en la alta prevalencia de malnutrición y obesidad en nuestro país.3

El Día Mundial de la Alimentación hace un llamado a la solidaridad mundial para ayudar a las personas más vulnerables a que se recuperen de la crisis y para hacer que los sistemas alimentarios sean más resilientes y robustos, de manera que puedan resistir el aumento de los cambios climáticos, proporcionar dietas saludables accesibles y sostenibles para todos, y medios de vida dignos para los trabajadores del sistema alimentario. Para lograrlo, se requieren mejores regímenes de protección social y que se ofrezcan oportunidades nuevas a través de la digitalización y el comercio electrónico, pero también prácticas agrícolas más sostenibles que preserven los recursos naturales, el clima y la salud poblacional.4

Todos tenemos un papel que desempeñar para hacer realidad la visión de un mundo sin hambre y malnutrición. Debemos procurar que los hábitos sostenibles perduren en tiempos de crisis. Podemos tomar decisiones alimentarias saludables y, a la vez, hacer nuestra parte para reducir los desperdicios. Podemos abogar por que los gobiernos, las empresas y las organizaciones compartan conocimientos, y apoyen sistemas y medios de vida sostenibles, y resilientes. Juntos, podemos cultivar, nutrir y preservar nuestro planeta.



Redacción  CENIDSP




Fuentes

Última actualización:
jueves 15 octubre 2020 20:26:06 por Webmaster INSP