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La elevada prevalencia a nivel mundial de obesidad y enfermedades crónicas asociadas exige que se identifiquen e implementen estrategias para detener este grave problema de salud pública. Aunque cada vez hay más evidencia que muestra que un mayor consumo de bebidas azucaradas se vincula con un aumento en el consumo total de energía, aumento de peso y un mayor riesgo cardiometabólico, existen pocos ensayos clínicos en adultos explorando este tema1,2,3 . Por otro lado, de la misma forma que existe un beneficio para la salud cuando hay una pérdida de peso entre un 5-7% del peso inicial4,5, hay evidencia que sugiere que la disminución en las concentraciones de triglicéridos en sangre se asocia con una disminución en el riesgo cardiovascular. 6,7,

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición en México del 2012, más de siete de cada diez mujeres mexicanas tienen sobrepeso u obesidad y casi cuatro de cada diez son obesas8. Para el mismo año, las principales causas de muerte en la población mexicana fueron las enfermedades coronarias y la diabetes9. En cuanto a la prevalencia del síndrome metabólico en mujeres mexicanas mayores de 20 años ya en el 2006 se reportó una prevalencia del 52.2 por ciento10 y 26.9 por ciento de las mujeres de ese grupo de edad tenía hipertrigliceridemia. 11

A principios de este año el Instituto Nacional de Salud Pública de México (INSP) y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (UNC, por sus siglas en inglés) publicaron un estudio que mostró que la población mexicana se encuentra entre los mayores consumidores de bebidas azucaradas en el mundo, representando dicho consumo el 19 por ciento del consumo de energía de un día. 12

Investigadores de la UNC y el INSP llevaron a cabo un ensayo aleatorizado controlado para estudiar si la sustitución de bebidas azucaradas por agua disminuiría los triglicéridos en sangre, peso y otros factores de riesgo cardiometabólico. Para realizar el estudio se invitaron a participar en el mismo a mujeres con sobrepeso u obesidad, entre 18 y 45 años de edad, durante nueve meses. La mitad de las participantes, llamadas de ahora en adelante, grupo de intervención, recibió agua y asesoría nutricional cada dos semanas durante el estudio. La asesoría incluyó reuniones individualizadas y grupales dirigidas a las razones y estrategias para aumentar el consumo de agua, reducir el consumo de bebidas azucaradas, y sustituir éstas últimas por agua. La otra mitad, referidas de ahora en adelante como grupo control, recibió asesoría nutricional sobre temas generales de nutrición, mismos que no fueron relacionados con la pérdida de peso o el consumo de agua y bebidas azucaradas. El estudio mostró que el suministro de agua y la asesoría nutricional fueron efectivos para aumentar el consumo de agua y disminuir parcialmente el consumo de bebidas azucaradas. A pesar de que no se encontró un efecto general sobre niveles de los triglicéridos en sangre, peso y otros riesgos en todas las participantes del grupo intervención; los resultados indican que las concentraciones de triglicéridos en sangre y la prevalencia de síndrome metabólico disminuyeron entre aquellas mujeres clasificadas con obesidad al inicio del estudio (condición que afecta a casi 4 de cada diez mujeres mexicanas en la población en general).

Un porcentaje considerable de las mujeres en el grupo de control aumentó su consumo de agua y disminuyó el consumo de bebidas azucaradas. Este fenómeno fue inesperado, dado que ninguna de las mujeres en el grupo control recibió información sobre el consumo de bebidas saludables. Este cambio no anticipado en las mujeres del grupo control resultó en que ambos grupos consumieron más agua y menos bebidas azucaradas.

El efecto de la sustitución bebidas azucaradas por agua observado entre las mujeres obesas posiblemente se explica por una mayor respuesta fisiológica a una intervención en los sujetos con mayor riesgo (es decir, las mujeres que iniciaron con un mayor peso)13. Resultados similares se han visto en estudios realizados en niños14 y adolescentes.15

Los resultados son muy relevantes en una población como la de México, donde la prevalencia de la obesidad en mujeres llega a casi el 40 por ciento. Son igualmente relevantes considerando que México es uno de los primeros países de América Latina en aplicar impuestos a las bebidas azucaradas, con el objetivo de que el impuesto reducirá el consumo de estas bebidas y aumentará el consumo de agua.

Finalmente, a pesar de que se necesita más investigación en esta área, los resultados del estudio son muy alentadores, ya que es importante identificar intervenciones simples, como la sustitución de bebidas azucaradas por agua, que podrían tener un impacto positivo en la salud pública.

Los coautores del estudio incluyen al Dr. Barry Popkin, autor principal y profesor de la Escuela Gillings de Salud Pública Global de UNC; y del INSP a la Dra. Sonia Hernández Cordero, PhD, investigador principal del estudio e investigadora del Centro de Investigación de Nutrición y Salud (CINyS); Dr. Juan Rivera Dommarco, autor principal del estudio y director fundador del CINyS; Dr. Simón Barquera, director del Área de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición, en el CINyS; Dra. Sonia Rodríguez-Ramírez, Dra. Teresa González de Cossío y Mtra. María Ángeles Villanueva, todos investigadores del CINyS.

Artículo disponible en: http://jn.nutrition.org/content/early/2014/09/03/jn.114.193490.full.pdf+html

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Referencias

1Ebbeling CB, Feldman HA, Chomitz VR, Antonelli TA, Gortmaker SL, Psgamoam S, Ludwig DS. A randomized trial of sugar-sweetened beverages and adolescents body weight. New Engl J Med. 2012;367:1407-16.
2Malik VS, Popkin BM, Bray GA, Despres JP, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and risk of metabolic syndrome and type 2 diabetes: a meta-analysis. Diabetes Care. 2010;33:2477-83
3Johnson R, Appel L, Brands M, Howard B, Lefevre M, Lustig R, Sacks F, Steffen L, Wylie-Rosett J. Dietary sugar intake and cardiovascular health: A scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2009;120:1011-20
4Appel L, TJ M, Obarzanek E, Vollmer W, Svetkey L, Sacks F, Bray G, Vogt T, Cutler J, Windhauser M, et al. A clinical trial of the effects of dietary patterns on blood pressure. DASH Collaborative Research Group. New Engl J Med. 1997;336:1117-24
5Obarzanek E, Sacks F, Vollmer W, Bray G, Miller E, Lin P, Karanja N, Most-Windhauser M, Moore T, Swain J, et al. Effects on blood lipids of a blood pressure-lowering diet: the Dietary Approaches to Stop Hypertension (DASH) Trial. Am J Clin Nutr. 2001;74:80-9
6Tirosh A, Rudich A, Schochat T, Tekes-Manova D, Israelí E, Henkin Y. Changes in triglyceride levels and risk of coronary disease in young men. Ann Intern Med. 2007;147:377-86
7Criqui M. Triglycerides and coronary heart disease revisited (again). Ann Intern Med. 2007;146:425-7.
8Barquera S, Campos-Nonato I, Hernández-Barrera L, Rivera Dommarco J. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012. Evidencia para la política pública en salud. Obesidad en adultos: los retos de la cuesta abajo: Instituto Nacional de Salud Pública; 2012
9Global burden of dieases. World Health Organization. Disponible en: http://www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/estimates/en/index1.html. (Accesado en septiembre, 2014)
10Rojas R, Aguilar-Salinas CA, Aída Jiménez-Corona A, Shamah-Levy T, Rauda J, Ávila-Burgos L, Villalpando S, Lazcano Ponce E. Metabolic syndrome in Mexican adults.Results from the National Healthand Nutrition Survey 2006. Salud Pública de México. 2010;52:11-8
11Aguilar-Salinas CA, Gómez-Pérez FJ, Rull J, Villalpando S, Barquera S, Rojas R. Prevalence of dyslipidemias in the Mexican National Health and Nutrition Survey 2006. Salud Pública de México. 2010;52:44-53
12Stern D, Piernas C, Barquera S, Rivera J, Popkin B. Caloric beverages were major source of energy among children and adults in Mexico, 1999-2012. J Nutr. 2014;144:949-56
13Hall K, Sacks G, Chandramohan D, Chow C, Wang C, Gotmaker S, Swinburn B. Quatification of the effect of energy imbalance on bodyweight. Lancet. 2011;378:826-37
14Welsh J, Cogswell M, Rogers S, Rockett H, Mei Z, Grummer-Strawn L. Overweight among low-income preschool children associated with the consumption of sweet drinks: Missouri, 1999-2002. Pediatrics. 2005;115:e223-e9
15Ebbeling CB, Feldman HA, Osganian SK, Chomitz VR, Ellenbogen SJ, DS L. Effects of decreasing sugar-sweetened beverage consumption on body weight in adolescents: a randomized, controlled pilot study. Pediatrics 2006;117:673-80.

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